La Casa de Campo cumple 10 años como Bien de Interés Cultural

Madrid.- En el año 2010 la Comunidad de Madrid aprobó la declaración de la Casa de Campo como Bien de Interés Cultural (BIC), una figura de protección que reconoce que este monte, más allá de ser «jardín de recreo, parque forestal o coto de caza, ha sido escenario de importantes episodios de nuestra historia».

La Casa de Campo fue Real Sitio hasta 1931. El Gobierno de la República abrió sus puertas a los madrileños, pero con la Guerra Civilvolvieron a cerrarse al convertirse en campo de batalla. Incluso finalizada la guerra estuvo prohibida la entrada al existir el peligro de proyectiles sin explotar.

Firma de la cesión de la Casa de Campo a Madrid |AYTO MADRID

Lo que comenzara como explotación agraria de la familia Vargas, luego comprada por Felipe II, se fue ampliando con nuevos terrenos en sucesivas dinastías. Son actualmente más de 1.700 hectáreas de extensión de las que una buena parte se han convertido en vías del tren de Cercanías, de la línea 10 de Metro, carreteras o el Club de Campo Villa de Madrid. Sin olvidar las instalaciones del Zoo, el Parque de Atracciones, los pabellones del recinto ferial, la Escuela de Viticultura o la Venta taurina de El Batán.

Algunas comparaciones

Por su tamaño, la Casa de Campo de Madrid, es uno de los parques metropolitanos más grande del mundo. Cinco veces más que el Central Park de Nueva York o casi 7 veces más que Hyde Park de Londres.

Clases en el antiguo anfiteatro de la Feria del Campo |TELEMADRID.ES

Hoy es lugar de recreo, de prácticas deportivas o de encuentros familiares, pero hasta no hace mucho este monte y sus campos fueron una pequeña ciudad dentro de Madrid. El rey ilustrado Carlos III quiso que fuese algo más que un coto real e impulsó el desarrollo de una vasta finca autosuficiente con zonas productivas, viviendas para los trabajadores y su propia iglesia y cementerio. Una ciudad en la que no faltaban elementos monumentales y soluciones hidráulicas obra del arquitecto Sabatini, uno de los favoritos del rey.

Una declaración complicada

Los enredos legales y normativos siempre han perseguido al gran pulmón verde de la capital. Si la Segunda República cedió el uso al pueblo de Madrid, los sucesivos ayuntamientos no tuvieron pleno dominio de este espacio hasta 1963. Y hasta 1970 nadie se acordó de registrar públicamente la Casa de Campo.

La Casa de Campo no estuvo registrada públicamente hasta 1970

Hasta los años 90 del siglo pasado estuvo considerada Monumento Histórico Artístico, luego se optó por la figura de Jardín Histórico. Finalmente fue la Justicia la que en 1999 anuló estas catalogaciones y se pudo iniciar el proceso para la declaración de Bien de Interés Cultural por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Vecinos vigilantes

En todos estos años de protecciones y desprotecciones los vecinos agrupados en torno a la plataforma ‘Salvemos la Casa de Campo’ han sido constantes en el señalamiento de los problemas y soluciones de este monte urbano.

Carlos Buchó, portavoz de esta plataforma, considera que el BIC ha sido «muy útil para frenar algunos procesos y poner en valor elementos históricos de este Real Sitio«. Y es que muchos consideran que la Casa de Campo no goza del reconocimiento que si ostentan otras localizaciones de la región.

Cartel sobre el aniversario de la Casa de Campo |SALVEMOS LA CASA DE CAMPO

Buchó señala el conjunto del Palacio de los Vargas, los Reservados, la Huerta de la Partida y las grutas renacentistas (todo ello en el entorno de la Puerta del Rey) como el núcleo monumental de la Casa de Campo. A pesar de ello, asegura, han tenido que oponerse y lograr paralizar algunas transformaciones de uso planeadas por todas las corporaciones.

En el lado positivo, gracias al BIC, reconoce la plataforma que se han recuperado glorietas históricas, construcciones hidráulicasoriginales o tramos del muro protegido. A pesar de ello algunos particulares han instalado vallas e incluso concertinas en las medianeras.

Quedan pendientes muchos temas como la proliferación del ciclismo y su impacto en los suelos o la contaminación de los arroyos que nutren la Casa de Campo, recuerda Buchó.

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