Pin Parental

Afirmaba Aristóteles en su Ética Nicomáquea que las familias educan mejor que el Estado porque conocen a sus hijos.
Que la familia es decisiva para la educación, para la enseñanza y para la instrucción es algo que no debería admitir ninguna duda, no en vano, la
Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 26.3 reconoce que:
“Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que  habrá de darse a sus hijos”. Y nuestra Constitución en su artículo 27.3 declara
que “Los Poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
Dicho esto, no debería hacer falta ningún “derecho de veto” para que en las escuelas libremente elegidas por los padres no se adoctrine a los niños.
Pero es manifiesto que la educación siempre ha sido objeto de confrontación entre los gobiernos de diferente signo político.
De todos es sabido que los valores impuestos por el Estado dependen del partido político que gobierne en ese momento. Y si esa educación se deja en manos del Estado, es probable que algunos de esos valores no coincidan con los de algunas familias.
Pero ¿qué es un pin parental?, pues es una solicitud de autorización expresa de los padres de un alumno, para que éste pueda participar en actividades
organizadas por el centro educativo, cuando tengan contenido que afecte a cuestiones morales, sexuales o de conciencia.
Aparentemente  puede resultar un poco mojigato el negarte a que tu hijo asista a una charla sobre algún tema controvertido sobre sexualidad, moralidad o conciencia, pero hace unos días asistíamos a la cancelación de un acto en un instituto de
secundaria de Madrid, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, al que la ministra de Igualdad, Irene Montero, tenía previsto asistir para protagonizar un encuentro sobre feminismo con alumnos de dicho centro.
Fue la Comunidad de Madrid la encargada de evitar la celebración del mismo alegando que la Comunidad no iba a permitir ningún evento de adoctrinamiento en centros educativos públicos en horario escolar.
Pero ¿es legal el que los padres puedan ejercer del derecho de veto a este tipo de actos ideológicos llevados a cabo por una dirigente política cuyas ideas sobre el feminismo, la ideología de género, la doctrina queer, el concepto de libertad sexual…son de sobra conocidas y con las que no comulgo ni yo, ni muchísimos padres que educan a sus hijos en un escenario que nada tiene que ver con el que esta señora se empeña en describirnos cada día?
No es lo mismo que el encuentro lo protagonice algún experto en la materia a tratar, que sea la iluminada de turno la que venga a exponer sus doctrinas y planteamientos ideológicos con el único fin de ir sembrando el terreno creando adeptos.
Aunque el pin parental no está regulado
expresamente, su utilización es absolutamente legal.
Los defensores del mismo alegan que no se trata de una “censura previa” ya que no impide que los centros organicen las actividades que consideren oportunas, cuestión distinta es que tengan mayor o menor asistencia de alumnos en función de la decisión de los padres.
Tampoco se trataría de un derecho a la “objeción de conciencia” inexistente para este supuesto, porque es la propia normativa la que da la facultad a los padres, siendo estas actividades complementarias y de carácter voluntario.
Hay jurisprudencia al respecto y Sentencias como la de 11 de febrero de 2009 del Tribunal Supremo, que recoge que las leyes no autorizan a la Administración educativa, ni a los centros docentes ni a los profesores a imponer o inculcar, ni
siquiera de manera indirecta, puntos de vista determinados sobre cuestiones morales que en la sociedad española sean controvertidos.
El Pacto Internacional de Derechos civiles y políticos, en su artº 18.4 reoge que:
“Los Estados partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad  de los padres y, en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
No me dejo la piel cada día para conciliar mi vida laboral con la escolar de mi hija y la de mi pareja, dándole el mejor ejemplo, de esfuerzo, sacrificio, trabajo en equipo… para que llegue la ministra  de turno con sus ideas, que no contenta con inculcárselas a sus hijos, quiere venir a adoctrinar a los de los demás.
Esto, entre otros muchos motivos, es por lo
que, a la hora de decidir el tipo de educación, hace que muchos padres se decanten por la escuela concertada, con un ideario concreto que pueda ser
acorde a las convicciones de los mismos y en los que no sea necesaria la intervención de los poderes públicos para evitar estos actos de adoctrinamiento,
que, en el caso del instituto anteriormente citado se suspendió, pero habrá tantos que se celebren y  pasen desapercibidos.
Hoy leía  en prensa y no he podido salir de mi asombro que, hasta el PSOE, que
se posicionaba totalmente en contra del Pin parental y lo recurriría en aquellas
Comunidades Autónomas en las que se implantara, estaría dispuesto a negociarlo para conseguir el voto de los ex de Vox en Murcia.
Pero ¿en qué manos está la educación de nuestros hijos que sigue siendo moneda de cambio para cualquier tipo de aspiración política?
El sistema debería tender a todo lo contrario, a lograr una educación pública independiente en la que el conocimiento de la verdad, de manera objetiva,  primase por encima de cualquier ideología y así evitar la necesidad de ningún pin parental.

Deja una respuesta

Sucribete a nuestro Newsletter

[mc4wp_form id="69"]